Sin una refrigeración adecuada, los alimentos básicos diarios (leche, huevos, lácteos, carne, pescado y verduras) se estropean con facilidad, poniendo en peligro la seguridad de los alimentos.
La seguridad en el suministro de alimentos es un elemento básico para la salud humana. Las intoxicaciones alimentarias (por ejemplo infecciones causadas por salmonelas, clostridiuos o estafilococos) pueden tener consecuencias graves, de largo plazo y a veces letales, sobre todo para el segmento más vulnerable de la población: los jóvenes y los ancianos. Una refrigeración adecuada mejora la variedad de alimentos disponibles a diario, lo que se traduce en la mejora del equilibrio nutritivo y el aumento de la salud pública.
El deterioro de los alimentos también tiene consecuencias económicas graves, las que aumentan significativamente en los países pobres, donde alimentar a la población todavía es un reto nacional.
En algunas zonas sin electricidad o con un suministro eléctrico insuficiente se utilizan refrigeradores de queroseno para conservar los alimentos.
A largo plazo, la refrigeración solar/de múltiples fuentes de energía, siempre que se ofrezca a precios asequibles, tendrá beneficios de mayor alcance para refrigeración de uso doméstico y de pequeños emprendimientos .


