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conservación de vacunas

El éxito de los programas de salud pública depende de la disponibilidad de vacunas de alta calidad, las que deben estar refrigeradas continuamente para conservar su eficacia. Una refrigeración a prueba de fallas dentro de un intervalo especificado de temperaturas, desde el lugar de fabricación al de uso es crítico para la eficacia de cualquier programa de vacunación. Una refrigeración infalible también es vital para mantener la validez de algunos medicamentos, por ejemplo las presentaciones líquidas de los antibióticos.

El término «cadena de frío» hace referencia a una red de refrigeradores , congeladores y cajas conservadoras organizada y mantenida por equipos de personas en todo el mundo. Esta red garantiza, en la medida de lo posible, que las vacunas se mantengan a la temperatura adecuada cuando se distribuyen desde el fabricante hasta los lugares en los que se administran.

El equipamiento recomendado para el almacenamiento (cámaras frigoríficas, refrigeradores y congeladores) y el transporte (cajas conservadoras y porta-vacunas) tiene que cumplir un conjunto de normas definidas por la OMS y UNICEF.

El mantenimiento de la cadena de frío exigida para las vacunas constituye un problema en muchas regiones del mundo a las que no llega la red eléctrica o en las que el suministro eléctrico es inestable. En esos lugares, los puntos débiles de la cadena de frío se traducen en el deterioro de grandes cantidades de vacunas todos los años.

Refrigeradores de queroseno para vacunas

Actualmente, en las zonas del planeta en las que no hay un suministro eléctrico fiable, las vacunas se guardan con frecuencia en refrigeradores de queroseno.

Los frigoríficos de queroseno consumen aproximadamente entre 0,8 y 1 litro de queroseno al día. Despiden el desagradable olor a queroseno quemado, de vez en cuando se incendian , hay que echarles queroseno regularmente con costos de operación permanentes, y con frecuencia no son fiables para mantener la temperatura requerida.

Además, son perjudiciales para el medio ambiente, ya que el uso de queroseno contribuye al calentamiento del planeta. En la actualidad hay aproximadamente 100.000 refrigeradores de queroseno en uso en todo el mundo para la refrigeración de vacunas. Se estima que un refrigerador de queroseno emite al año entre 732,9 y 916,1 kg de CO2 a la atmósfera. En consecuencia, 100.000 frigoríficos de queroseno emitirán aproximadamente entre 73 y 91 millones de kilogramos de CO2 cada año.

El parque actual de refrigeradores de queroseno está envejeciendo, por lo que SolarChill puede resultar una alternativa viable para la sustitución ordenada de muchas de estas unidades.

Refrigeradores solares para vacunas

Los refrigeradores de vacunas que pueden funcionar con distintas fuentes de energía pueden mitigar el problema de falta o insuficiencia de suministro eléctrico. Los refrigeradores para vacunas solares y los que funcionan con múltiples fuentes de energía también pueden ser muy beneficiosos en situaciones de emergencia como los desastres naturales o las guerras. Las fuentes múltiples de energía incluyen la energía solar, la eólica, los combustibles biológicos y otras formas de generación, así como la red eléctrica.

Ya se utilizan refrigeradores solares para vacunas en zonas del mundo que carecen de electricidad. Estas unidades han probado ser más fiables que sus equivalentes de queroseno.

Sin embargo, actualmente sólo hay aproximadamente 6.000 refrigeradores solares para vacunas en todo el mundo. Hay dos factores que impiden la incorporación a gran escala de la actual generación de refrigeradores solares en los países en vías de desarrollo: la dependencia de las baterías y los relativos altos costos .

El problema de las baterías es que se estropean con frecuencia, su sustitución resulta cara, son pesadas y tóxicas. Es necesario sustituir las baterías cada 3-5 años por término medio. También es necesario realizar el mantenimiento y rellenarlas rutinariamente con agua destilada.

El coste de los refrigeradores solares actuales se encuentra entre 3.500 y 4.500 dólares. En comparación, se prevé que el coste del paquete SolarChill, incluido refrigerador y paneles solares, ascienda a unos 1.500 dólares.

El desafío , por tanto, es evitar la dependencia de las baterías, proporcionar la mayor versatilidad posible en términos de suministro de energía de cualquier producto en el mercado mundial y mantener un precio asequible.